Les juro que no lo podía creer. Digo, sabía que pasaría, era evidente en términos lógicos. Pero la esperanza es algo cruel que persiste, y siempre abracé secretamente la fantasía de que la pinche derecha chilena perdería las elecciones.
Ya hasta había pensado en el título de mi editorial: “El fracaso permanente de la derecha”. Ya había contabilizado a toda la gente de la que me iba a mofar, todos los chistes que haría. En particular – ahhhhh, traidora realidad – había soñado con jugar algún papel como narrador del colapso final del pinochetismo y sus aliados. Pero su fracaso permanente pasó a ser el mío.
Es curioso como funciona la cabeza: lo sabes desde meses atrás, lo tienes clarísimo, y sin embargo no lo quieres creer. Es como la esposa engañada que construye elaboradas teorías de por qué no está pasando lo que sabe que está pasando. Maldita sea.
Siga leyendo en Antídoto
2/04/2010
2/01/2010
Saber aliarse
Lo recuerdo como si fuera ayer. Era el año 1999 e iba en el auto con mis hermanos y mi padre, y estábamos hablando sobre la posibilidad de que Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox hicieran una primaria para que PAN y PRD fueran juntos contra el PRI.
Estaba moderadamente en contra: me atraía la idea de una alianza, pero a esas alturas ya estaba claro que Fox aventajaba y no me gustaba la idea de votar por alguien a quien, en aquel entonces, consideraba un tarado. Teníamos la certeza de que con el PAN había enormes diferencias, pero unas coincidencias gigantescas: el deseo de democratizar México, reducir la corrupción y elevar la calidad de vida de la gente.
Si bien se discutió el interior del PRD –qué distinto era en ese entonces el partido–, nunca se tomó realmente en serio. Primaba la noción que hasta hoy prima en la política mexicana: o soy yo o no es nadie. Así, Cárdenas fue por su lado con el resultado que todos conocemos.
Como muchos señalaron ya, ha habido un inusitado revuelo en torno a la posibilidad de que PAN y PRD se alíen en distintos estados de la república para tratar de detener el avance del PRI, y así mermar su impulso hacia la presidencial del 2012.
Es inusitado porque ya han habido alianzas así sin levantar tanto polvo; es inusitado también por la reacción priista. Las declaraciones de la presidente del PRI transparentan la falta de vocación democrática de ese partido. Su rabia y radicalismo contra las alianzas, a las que condena al mismo tiempo que construye las propias con el PT y el PANAL, son risibles. El PRI, tras 10 años fuera del poder, sigue siendo exactamente el mismo PRI de siempre. El PRI de 1968, 1985, 1988, 1994. El PRI que justificó la represión, que motivó la corrupción, que construyó el modelo clientelista de nuestro país.
Y es por eso –porque el PRI no se ha modernizado ni ha cambiado– que estoy a favor de las alianzas que impidan su regreso al poder. Creo que es fundamental que se haga un esfuerzo enorme desde las fuerzas democráticas (es un decir) de México para no permitir una regresión social y política.
Pero no es sólo eso. Pienso –oooootra vez– en el ejemplo chileno. Cuando los analistas mexicanos hablan de “agua y aceite” y de que la derecha y la izquierda no se pueden aliar, me sorprende la miopía desde la que reflexionan. El PS y la Democracia Cristiana se aliaron en Chile para sacar a la dictadura de Pinochet en un primer momento, pero se quedaron juntos para muchísimo más que eso: gobernar equilibradamente. La Democracia Cristiana es un partido que tiene gente centrista, pero también tiene gran cantidad de persignados/moralistas/elitistas que nada tienen que ver con el ala progresista de la Concertación. La DC, además, fue feliz promotora del golpe de Estado y apoyó a Pinochet en un principio. Mientras, el PS era perseguido y erradicado. Sus diferencias ideológicas, políticas y humanas eran muchísimo más profundas y grandes que las que separan al PAN y al PRD. Pero supieron encontrar puntos mínimos de colaboración y trabajo para construir una de las alianzas políticas más exitosas de la historia latinoamericana, cuyo éxito se traduce en el progreso que vive Chile hoy.
Es por eso que me sorprende el constante llamado de comentadores políticos a mantener la división y la polarización, a que los partidos se sigan odiando, a que sigamos siendo una nación en la que todos pensamos que el único camino es el propio.
¿Qué habría pasado si Cárdenas y Fox hubieran ido juntos? Cárdenas, desde una posición de enorme autoridad, habría podido mantener a Fox equilibrado; una mayoría PAN-PRD podría haber consensuado y pactado las reformas que hacían falta. Y sobre todo –quizá esto es lo más importante– se podría haber creado el estado de ánimo de que sí se puede llegar a acuerdos con la gente que piensa distinto por el bien del país.
¿Por qué es malo que dos partidos grandes estén de acuerdo y trabajen juntos? ¿Cómo podría ser condenable que estos dos partidos, bastante desdibujados ideológicamente de cualquier modo, encuentren las coincidencias que los unen?
En México eso es mal visto. Sólo confiamos en alguien si no pacta jamás. Sólo nos parece creíble alguien que habla desde la intransigencia. Sería una lección democrática enorme que, después de los pleitos de 2006, estos dos partidos pudieran acordar y gobernar bien los estados en los que están compitiendo.
Pero, por lo que veo, no va a caminar. La asombrosa –realmente asombrosa– impericia política de Felipe Calderón, que justo cuando quiere una reforma política y una serie de alianzas radicaliza su agenda conservadora y se va contra los homosexuales, deja claro que este es un gobierno que prefiere seguir perdiendo todas sus batallas. Calderón podría haber dado muestras de que con un PRD dialogante se dialoga y se le ofrece algo, pero en cambio recurre a la PGR para detener los avances sociales. Esa señal, dada justo en el momento incorrecto y por las razones incorrectas, aísla de nuevo al PAN y contribuye al regreso del PRI.
Así, seguiremos siendo un país en el que todos apostamos al fracaso del gobierno, porque no es “nuestro”. Y seguiremos orgullosamente estancados.
Estaba moderadamente en contra: me atraía la idea de una alianza, pero a esas alturas ya estaba claro que Fox aventajaba y no me gustaba la idea de votar por alguien a quien, en aquel entonces, consideraba un tarado. Teníamos la certeza de que con el PAN había enormes diferencias, pero unas coincidencias gigantescas: el deseo de democratizar México, reducir la corrupción y elevar la calidad de vida de la gente.Si bien se discutió el interior del PRD –qué distinto era en ese entonces el partido–, nunca se tomó realmente en serio. Primaba la noción que hasta hoy prima en la política mexicana: o soy yo o no es nadie. Así, Cárdenas fue por su lado con el resultado que todos conocemos.
Como muchos señalaron ya, ha habido un inusitado revuelo en torno a la posibilidad de que PAN y PRD se alíen en distintos estados de la república para tratar de detener el avance del PRI, y así mermar su impulso hacia la presidencial del 2012.
Es inusitado porque ya han habido alianzas así sin levantar tanto polvo; es inusitado también por la reacción priista. Las declaraciones de la presidente del PRI transparentan la falta de vocación democrática de ese partido. Su rabia y radicalismo contra las alianzas, a las que condena al mismo tiempo que construye las propias con el PT y el PANAL, son risibles. El PRI, tras 10 años fuera del poder, sigue siendo exactamente el mismo PRI de siempre. El PRI de 1968, 1985, 1988, 1994. El PRI que justificó la represión, que motivó la corrupción, que construyó el modelo clientelista de nuestro país.
Y es por eso –porque el PRI no se ha modernizado ni ha cambiado– que estoy a favor de las alianzas que impidan su regreso al poder. Creo que es fundamental que se haga un esfuerzo enorme desde las fuerzas democráticas (es un decir) de México para no permitir una regresión social y política.
Pero no es sólo eso. Pienso –oooootra vez– en el ejemplo chileno. Cuando los analistas mexicanos hablan de “agua y aceite” y de que la derecha y la izquierda no se pueden aliar, me sorprende la miopía desde la que reflexionan. El PS y la Democracia Cristiana se aliaron en Chile para sacar a la dictadura de Pinochet en un primer momento, pero se quedaron juntos para muchísimo más que eso: gobernar equilibradamente. La Democracia Cristiana es un partido que tiene gente centrista, pero también tiene gran cantidad de persignados/moralistas/elitistas que nada tienen que ver con el ala progresista de la Concertación. La DC, además, fue feliz promotora del golpe de Estado y apoyó a Pinochet en un principio. Mientras, el PS era perseguido y erradicado. Sus diferencias ideológicas, políticas y humanas eran muchísimo más profundas y grandes que las que separan al PAN y al PRD. Pero supieron encontrar puntos mínimos de colaboración y trabajo para construir una de las alianzas políticas más exitosas de la historia latinoamericana, cuyo éxito se traduce en el progreso que vive Chile hoy.
Es por eso que me sorprende el constante llamado de comentadores políticos a mantener la división y la polarización, a que los partidos se sigan odiando, a que sigamos siendo una nación en la que todos pensamos que el único camino es el propio.
¿Qué habría pasado si Cárdenas y Fox hubieran ido juntos? Cárdenas, desde una posición de enorme autoridad, habría podido mantener a Fox equilibrado; una mayoría PAN-PRD podría haber consensuado y pactado las reformas que hacían falta. Y sobre todo –quizá esto es lo más importante– se podría haber creado el estado de ánimo de que sí se puede llegar a acuerdos con la gente que piensa distinto por el bien del país.
¿Por qué es malo que dos partidos grandes estén de acuerdo y trabajen juntos? ¿Cómo podría ser condenable que estos dos partidos, bastante desdibujados ideológicamente de cualquier modo, encuentren las coincidencias que los unen?
En México eso es mal visto. Sólo confiamos en alguien si no pacta jamás. Sólo nos parece creíble alguien que habla desde la intransigencia. Sería una lección democrática enorme que, después de los pleitos de 2006, estos dos partidos pudieran acordar y gobernar bien los estados en los que están compitiendo.
Pero, por lo que veo, no va a caminar. La asombrosa –realmente asombrosa– impericia política de Felipe Calderón, que justo cuando quiere una reforma política y una serie de alianzas radicaliza su agenda conservadora y se va contra los homosexuales, deja claro que este es un gobierno que prefiere seguir perdiendo todas sus batallas. Calderón podría haber dado muestras de que con un PRD dialogante se dialoga y se le ofrece algo, pero en cambio recurre a la PGR para detener los avances sociales. Esa señal, dada justo en el momento incorrecto y por las razones incorrectas, aísla de nuevo al PAN y contribuye al regreso del PRI.
Así, seguiremos siendo un país en el que todos apostamos al fracaso del gobierno, porque no es “nuestro”. Y seguiremos orgullosamente estancados.
1/28/2010
The catcher in the rye
El creador de Holden Caulfield, quizá el anti héroe adolescente más memorable e influyente de la historia de la literatura americana, J.D. Salinger, ha muerto.A los 91 años, el autor – que también escribió libros de cuentos, destacadamente “Franny and Zooey” – expiró en compañía de su familia. El mundo literario lamenta la pérdida de este constructor clave de la literatura contemporánea y rebelde, con la particular tristeza de que haya dejado de escribir hace tantos años ya.
1/25/2010
El verdadero Sebastián Piñera
Mientras los editorialistas mexicanos celebran la asombrosa civilidad y parsimonia de los políticos chilenos ante su elección presidencial – sin duda admirable – me siento en la trágica obligación de recordarles qué es lo que realmente está pasando acá abajo. Porque los que festejan la “alternancia” pueden estar bastante equivocados.
Una ñora pinochetista que conozco dijo “ay, estoy tan feliz… es que es como si por fin dejamos de ser los malos de la película. Sí, po”. Su frase me resuena por dos razones.
Uno, porque a pesar de que Sebastián Piñera hizo campaña renegando de la dictadura durante la cual se enriqueció e incluso prometió que no habría pinochetistas notorios en su gobierno, el pinochetismo considera que esta victoria les lava las manos.
Es como si la historia los hubiese perdonado y olvidado lo que significó para miles y miles de personas la tortura, la persecución, la miseria y la humillación de la dictadura y ahora, mágicamente, el regreso al poder implica que ya no son los malos, ahora son los buenos. La derecha considera que, a pesar de que hipotecó su autoridad moral respaldando a una tiranía, se ha terminado ya la penitencia.
Dos, me llama la atención porque, en realidad, sí es una victoria suya. Piñera sabía que para ganar tenía que decirse de centro y repudiar a su sector, pero la ñora tiene razón: los chilenos le han dado un baño de pureza a los apologistas de la dictadura. Haya dicho lo que haya dicho, Piñera tendrá que darle a la UDI – el partido de ultraderecha chilena – varios puestos en su gabinete, que serán llenados casi con certeza por fieles al régimen militar. En primera fila están Joaquín Lavín y Pablo Longueira, ambos profundamente comprometidos con la dictadura. Hay muchos otros más.
En general, existe la creencia optimista es que “no va a pasar nada” y que los cambios serán moderados. Es cierto que Chile es muy institucional y no puede uno simplemente hacer lo que se le da la gana como en ciertos países que conocemos. Tampoco la sociedad recompensará un gobierno ultra conservador que le prive de libertades. Sin embargo, las señales que se han emitido en esta primera semana tras la elección son claras y no deben ser ignoradas.
Dos días después de ganar la elección, Piñera se reunió con la Cámara Nacional de Comercio. Los empresarios salieron felices, diciendo que ahora existía la posibilidad de realizar un “ajuste” al salario mínimo, que reduciría el ingreso para los trabajadores jóvenes entre 18 y 21 años. También aseguró que se reducirían las indemnizaciones a empleados despedidos. Las organizaciones de trabajadores condenaron la propuesta, y el gobierno también. Piñera guardó silencio.
Para lo que sí habló fue para proponer que se abriese Codelco – la empresa nacional del cobre – a recursos privados. En otras palabras, iniciar su privatización. Jamás habló de esto en campaña, pero le tomó dos días empezar a empujar esa agenda.
Al mismo tiempo, el presidente electo sufrió un “impasse” con un periodista de televisión. Iván Núñez, al ir a entrevistarlo, fue informado de que no tenía permiso de preguntarle a Piñera sobre uno de los temas más importantes del momento: la venta prometida de la Aerolínea LAN. El periodista se molestó y se negó a hacer la entrevista, pero fue el único. Todos los demás medios aceptaron la mordaza.
Y aquí lo más escandaloso: desde que ganó, las acciones que Piñera piensa vender han aumentado ¡177 por ciento! Los que saben, dicen que esta semana el presidente ganó entre 400 y 500 millones de dólares. Nunca ganar la elección fue mejor negocio. Al ser cuestionado por el Secretario de Hacienda por no haber vendido antes, el presidente electo envió a uno de sus más rabiosos aliados – el senador Andrés Allamand – a literalmente mentarle su madre. Típica intolerancia reaccionaria.
Además, la UDI está exigiendo carteras claves en el gobierno, específicamente el Ministerio de Salud. De dársela, el presidente entregará a los ultracatólicos los programas de prevención del Sida, de embarazos adolescentes, de seguridad sexual.
Por último, La Nación, el único diario de izquierda – que pertenece al gobierno – será cerrado. Así, Piñera está armado: gobernará con una prensa aliada y servil. No será vigilado ni hostigado por el Mercurio ni la Tercera, ni por los canales de televisión (uno de los cuales es suyo y NO lo va a vender).
Tiene mucha suerte: gracias a las políticas de Bachelet, recibirá un Estado con finanzas sanas, reservas gordas, planes sociales ya en marcha. Su primer año será de recuperación económica y se llevará todo el crédito. Todo lo que salga mal, lo echará sobre los 20 años de Concertación. Y que no quede duda: sus aliados de la UDI y RN seguirán empujando su agenda ultraconservadora como lo han hecho todos estos años.
Sin contrapesos, con dinero y sin voces críticas, podrá hacer lo que sea. Sí, señor. Tenemos derecha para rato.
Una ñora pinochetista que conozco dijo “ay, estoy tan feliz… es que es como si por fin dejamos de ser los malos de la película. Sí, po”. Su frase me resuena por dos razones.Uno, porque a pesar de que Sebastián Piñera hizo campaña renegando de la dictadura durante la cual se enriqueció e incluso prometió que no habría pinochetistas notorios en su gobierno, el pinochetismo considera que esta victoria les lava las manos.
Es como si la historia los hubiese perdonado y olvidado lo que significó para miles y miles de personas la tortura, la persecución, la miseria y la humillación de la dictadura y ahora, mágicamente, el regreso al poder implica que ya no son los malos, ahora son los buenos. La derecha considera que, a pesar de que hipotecó su autoridad moral respaldando a una tiranía, se ha terminado ya la penitencia.
Dos, me llama la atención porque, en realidad, sí es una victoria suya. Piñera sabía que para ganar tenía que decirse de centro y repudiar a su sector, pero la ñora tiene razón: los chilenos le han dado un baño de pureza a los apologistas de la dictadura. Haya dicho lo que haya dicho, Piñera tendrá que darle a la UDI – el partido de ultraderecha chilena – varios puestos en su gabinete, que serán llenados casi con certeza por fieles al régimen militar. En primera fila están Joaquín Lavín y Pablo Longueira, ambos profundamente comprometidos con la dictadura. Hay muchos otros más.
En general, existe la creencia optimista es que “no va a pasar nada” y que los cambios serán moderados. Es cierto que Chile es muy institucional y no puede uno simplemente hacer lo que se le da la gana como en ciertos países que conocemos. Tampoco la sociedad recompensará un gobierno ultra conservador que le prive de libertades. Sin embargo, las señales que se han emitido en esta primera semana tras la elección son claras y no deben ser ignoradas.
Dos días después de ganar la elección, Piñera se reunió con la Cámara Nacional de Comercio. Los empresarios salieron felices, diciendo que ahora existía la posibilidad de realizar un “ajuste” al salario mínimo, que reduciría el ingreso para los trabajadores jóvenes entre 18 y 21 años. También aseguró que se reducirían las indemnizaciones a empleados despedidos. Las organizaciones de trabajadores condenaron la propuesta, y el gobierno también. Piñera guardó silencio.
Para lo que sí habló fue para proponer que se abriese Codelco – la empresa nacional del cobre – a recursos privados. En otras palabras, iniciar su privatización. Jamás habló de esto en campaña, pero le tomó dos días empezar a empujar esa agenda.
Al mismo tiempo, el presidente electo sufrió un “impasse” con un periodista de televisión. Iván Núñez, al ir a entrevistarlo, fue informado de que no tenía permiso de preguntarle a Piñera sobre uno de los temas más importantes del momento: la venta prometida de la Aerolínea LAN. El periodista se molestó y se negó a hacer la entrevista, pero fue el único. Todos los demás medios aceptaron la mordaza.
Y aquí lo más escandaloso: desde que ganó, las acciones que Piñera piensa vender han aumentado ¡177 por ciento! Los que saben, dicen que esta semana el presidente ganó entre 400 y 500 millones de dólares. Nunca ganar la elección fue mejor negocio. Al ser cuestionado por el Secretario de Hacienda por no haber vendido antes, el presidente electo envió a uno de sus más rabiosos aliados – el senador Andrés Allamand – a literalmente mentarle su madre. Típica intolerancia reaccionaria.
Además, la UDI está exigiendo carteras claves en el gobierno, específicamente el Ministerio de Salud. De dársela, el presidente entregará a los ultracatólicos los programas de prevención del Sida, de embarazos adolescentes, de seguridad sexual.
Por último, La Nación, el único diario de izquierda – que pertenece al gobierno – será cerrado. Así, Piñera está armado: gobernará con una prensa aliada y servil. No será vigilado ni hostigado por el Mercurio ni la Tercera, ni por los canales de televisión (uno de los cuales es suyo y NO lo va a vender).
Tiene mucha suerte: gracias a las políticas de Bachelet, recibirá un Estado con finanzas sanas, reservas gordas, planes sociales ya en marcha. Su primer año será de recuperación económica y se llevará todo el crédito. Todo lo que salga mal, lo echará sobre los 20 años de Concertación. Y que no quede duda: sus aliados de la UDI y RN seguirán empujando su agenda ultraconservadora como lo han hecho todos estos años.
Sin contrapesos, con dinero y sin voces críticas, podrá hacer lo que sea. Sí, señor. Tenemos derecha para rato.
1/19/2010
Chile: cuando la alegría se jubila (IV de IV)
Se acabó. Tras 20 exitosos años de gobiernos de la Concertación, el candidato derechista Sebastián Piñera conquistó la presidencia de Chile con el 51.6 por ciento de los votos contra el 48.4 que obtuvo el candidato oficialista Eduardo Frei.Las casillas cerraron a las cuatro de la tarde y de inmediato comenzaron a hacerse públicos los conteos. La primera certeza era que sería un resultado cerrado; la segunda, que había perdido Frei. Mesa tras mesa, se pudo constatar que los votos de Marco Enríquez-Ominami, el candidato independiente que por momentos amenazó a la Concertación, no se trasladaron hacia el ex presidente con la regularidad necesaria. Según datos disponibles, cerca de un 30 por ciento de los seguidores de ME-O habrían inclinado la balanza para darle a Piñera el respaldo necesario para alcanzar el triunfo.
Las caras largas en el comando de Frei eran apreciables desde antes de las cinco de la tarde. Incluso sus cálculos más optimistas los colocaban en un escenario de derrota. Para las seis de la tarde se dieron a conocer las primeras proyecciones, muy cercanas a lo que sería el resultado final. La Radio Bio-Bio, que en la primera vuelta acertó con gran precisión al resultado, estimó que el candidato de la Coalición por el Cambio ganaría por 1.9 por ciento. Ese resultado fue respaldado por otras encuestadoras.
En el Hotel Crowne Plaza, en donde el comando piñerista se encontraba concentrado, había ambiente de celebración. Las proyecciones desataron gritos de alegría y rápidamente los voceros de los partidos que representan a la derecha chilena —Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI)— declararon que el triunfo estaba en sus manos.
Como era de suponerse, el equipo de Frei fue cauto: dijeron que esperarían resultados oficiales y se manifestaron “moderadamente optimistas”. Pero su actitud denotaba la frustración que ya era palpable en el aire: tras más de 50 años, la derecha había —finalmente— ganado una elección en Chile. A 20 años del final de la dictadura de Augusto Pinochet, los partidos que lo acompañaron podrían volver a hacerse cargo de su país.
En el barrio alto, los cláxones empezaron a sonar. Al punto de las ocho de la noche, Patricio Rosende, subsecretario del Interior, dio lectura a los resultados oficiales, con el 99 por ciento de las casillas computadas. El triunfo del opositor era cerrado pero irremontable.
Sebastián Piñera era ya, en los hechos, el presidente electo de Chile. La celebración se desató. Salieron los BMW, los Mercedes y los Audis a las calles y festejaron. Crónicas periodistas narran como las clases altas se querían congregar en la Plaza Italia —equivalente al Ángel de la Independencia— para celebrar, pero se perdían tratando de llegar.
Salieron las fotos de Augusto Pinochet. El cántico “Ge-ne-ral Pi-no-chet, este triunfo es para usted” rebozó por algunas calles. Desenfadados, alegres y sin complejos, los pinochetistas festejaron su primer triunfo electoral en la historia.
Pronta admisión. El primero en hablar fue Marco Enríquez mismo, quien explicó que “estamos orgullosos y serenos (...) esta es una derrota que era completamente evitable, se impuso la ceguera... la nuevas generaciones piden renovación de rostros, de prácticas... seré un opositor que velará porque se cumplan las promesas”.
Poco después Frei mismo reconoció la derrota y le deseó “éxito al nuevo presidente, nosotros vamos a estar en una oposición constructiva”. Incluso, se presentó en el Crowne Plaza para felicitar a Piñera personalmente, en un acto de “grandeza”, según la derecha. Con eso, la victoria estaba sellada.
Piñera salió a dar un mensaje. Aseguró que “quiero decirles que nuestro país necesita hoy más que nunca unidad (...) quiero de inmediato acoger y revivir lo que fue la democracia de los acuerdos”. También dijo que “esta noche hemos obtenido un gran triunfo y tenemos el legítimo derecho a celebrarlo con alegría, pero con también con mucho respeto y paz, quiero decirles a todos los chilenos y chilenas arriba los corazones, porque vienen mejores tiempos para Chile, después de 20 años de gobierno de la Concertación esta noche nos ha entregado la maravillosa responsabilidad de conducir los destinos de nuestra Patria”. Finalmente, Piñera prometió convertir a Chile en “el mejor país del mundo”.
La noche triste. El comando oficialista se fue quedando vacío. Empezaron a apagar las luces, suspirando y dándose palabras de aliento. Anita González, uno de los rostros más reconocibles del movimiento de familiares de detenidos desaparecidos, mostraba desamparo. Declaró a La Nación que “La gente confundió oro con oropel” y se manifestó abatida.
Ricardo Lagos Weber, hijo del ex presidente y senador electo, aseguró que “temor no siento, otra cosa es que no quedo contento, porque tengo profundas diferencias con la derecha”. Su padre, por su parte, llamó a la Concertación a renovarse y se dijo “disponible” para participar en la nueva etapa.
En el mismo tenor se expresaron Carolina Toha, coordinadora de la campaña de Frei en segunda vuelta, y otros personeros de la Concertación, prometiendo que serán una oposición leal pero vigilante, aceptando que había terminado un ciclo, pero reiterando el buen trabajo de los cuatro gobiernos de centro-izquierda.
Unidad Nacional. Lily Pérez, vocera de Piñera, explicó que construirán un gobierno de “Unidad Nacional, sin exclusiones y en cuyo gabinete estarán representados todos los sectores. Donde se mezcle la juventud y experiencia, donde se mezcle la trayectoria con gente nueva, los políticos y técnicos. Este es un sueño que tenemos muchos chilenos y que traspasa las barreras ideológicas”.
Al mismo tiempo trascendió que entre aquellos que tienen un lugar casi asegurado en el gabinete del nuevo presidente está Cristián Larroulet, su principal asesor económico y líder de un conocido think tank de derecha. También suena Rodrigo Hinzpeter —coordinador de campaña del empresario— para el Ministerio del Interior.
La UDI ha designado a Jovino Novoa, senador y ex funcionario de la dictadura, como negociador para determinar qué carteras le corresponderán a ese partido. Su intención, según algunos, es obtener el Ministerio de Vivienda para Pablo Longueira y alguna cartera de combate a la pobreza para Joaquín Lavín.
Así, se sella un periodo de 20 años en los que Chile logró reducir la pobreza de un 40 a un 13 por ciento, abatir el analfabetismo y, en particular, consolidar una sólida e institucional democracia. Pero el resultado demuestra que a pesar de su fuerza, la selección de su candidato y la falta de unidad terminaron por pasarle la factura al oficialismo.
Y con eso, termina la era de la Concertación como la conocemos.
Publicado en Crónica.
Subscribe to:
Posts (Atom)
